Las finanzas y la viabilidad empresarial

En nuestra primera entrega, hemos debatido algunas de las dificultades que nos encontramos al iniciar la actividad empresarial y los aspectos estratégicos del mismo, que deben conjugar todas las áreas del negocio, además de ser asumidos por la dirección y miembros de la organización como aspecto fundamental.

Es prioritario tener claro nuestro objetivo, saber a dónde queremos llegar y prever en cierta medida las expectativas de rentabilidad con objeto de planificar las necesidades de financiación. Es decir, como soporte para la correcta toma de decisiones en aras de conseguir los objetivos previstos, la dirección financiera nos enseñará a considerar las consecuencias y rentabilidades esperadas de nuestras inversiones.

Existen diversas herramientas que nos permitirán, sin grandes conocimientos de finanzas, prever los resultados de una determinada inversión, en base, éso sí, a previsiones de rendimientos futuros, que pueden o no cumplirse. Evidente que a mayor volumen y tamaño de la empresa a considerar las fórmulas y las herramientas a utilizar se complican.

Sin pretensión de exhaustividad y a los solos efectos enunciativos el empresario que se enfrenta inicialmente con cálculos financieros, deberá familiarizarse con los términos siguientes; punto muerto, rotación de inventario, rotación de cuentas a cobrar, apalancamiento financiero, apalancamiento operativo, proyecciones de tesorería, proyecciones de cuenta de explotación, balances previsionales, origen y coste de nuestra financiación, pasivo circulante, métodos de fabricación uniforme o estacional, riesgo operativo, interés nominal anual, Tasa Anual de Equivalencia (TAE), Valor actual Neto (VAN), Valor Futuro (VF), Tasa Interna de Rendimiento (TIR), entre otros.

Pasemos ahora a considerar alguno de los conceptos ofrecidos y su significación para el empresario, otros pueden ser objeto de consulta y debate en el foro abierto. Todo emprendedor que inicia su actividad debería conocer a priori los costes que va a acarrear su empresario o negocio, ya que de lo contrario puede haber optado por una política de precios errónea que le lleve a incluso perder dinero o haber solicitado recursos externos (préstamos, líneas de créditos dispuesto, entre otros) muy superiores o insuficientes a sus necesidades reales, todo un contratiempo. No se sorprendan que es habitual encontrarse con situaciones así.

El origien de los recursos y su coste deberá ser objeto de decisión antes de iniciar la actividad e implicará un interés por los fondos dispuestos en la financiación externa y un coste de oportunidad, diferencia entre las utilidades creadas de dos inversiones determinadas, en la financiación propia. Debemos contar con conceptos claros como el TAE, que a diferencia del interés nominal, incluye todos los gastos inherentes para la obtención y mantenimiento de esa financiación.

El cálculo del punto muerto nos dará, una vez claros los gastos inherentes a la actividad, la cifra de producción donde el resultado será neutro, es decir, el nivel a partir del cual empezaremos a obtener beneficios si aumentamos la producción. Para ello deberemos considerar los costes fijos y variables de nuestra actividad. Los costes fijos (CF) son aquellos independientes del nivel de producción, es decir, ni aumentan ni disminuyen por variar la producción de bienes y servicios. En cambio los costes variables (CV) sí que son sensibles ante cambios en el nivel de producción de bienes y servicios. Este hecho es de indudable importancia, pensad unos minutos sobre el concepto e intentar aplicarlo a algún caso práctico.


  • ¿Cómo financiais vuestra actividad?
  • ¿Pediríais una línea de crédito, leasing o renting para adquirir maquinaria?

Sé bienvenido a realizar cualquier comentario o pregunta sobre lo expuesto en este informe.

Edición: Julio 2010
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